[EEUU] 6 de Enero: ¿Las Bases del Fascismo?

Extraído de Crimethlnc.

Tras una manifestación en la que proclamaban sus infundadas acusaciones de fraude electoral, lxs partidarixs de Donald Trump ocuparon el edificio del Capitolio en Washington DC, como consecuencia de ello el Partido Republicano se está fracturando, preparando el terreno para la consolidación de un nuevo centro político bipartidista aunque mucho más a la derecha que antes. Sin embargo, esto también allana el camino para que innumerables sectores de las bases de Trump se separen por completo de la democracia representativa, adoptando una alternativa explícitamente fascista. Los acontecimientos del 6 de enero les ofrecen mártires y un discurso revanchista que les será útil en los próximos años, proporcionándoles un mito que les ayudará en el reclutamiento de nuevxs adeptxs y una justificación cada vez que necesiten usar la fuerza.

Los eventos del 6 de enero desacreditarán a lxs partidarixs de Trump a los ojos de lxs centristas y obligarán a algunxs republicanxs a cambiar sus lealtades hacia el centro, pero también ampliarán los límites de lo que es o no aceptable. Esto puede ayudar a la extrema derecha a reclutar adeptxs en todo el país y podría normalizar acciones similares en el futuro.

En realidad, este es un problema muy antiguo que nunca desapareció.

Pero este no es el único peligro que se avecina. En nombre de una guerra contra el extremismo, lxs centristas van a exigir el despliegue de la maquinaria de represión del estado, que el próximo Trump usará inevitablemente contra nosotrxs. Esto es esencialmente lo que sucedió en la Alemania de Weimar, creando las bases para el surgimiento del Tercer Reich. Asimismo, el arma principal de Trump a lo largo de 2020 ha sido el Departamento de Seguridad Nacional, creado bajo el mandato de Bush en respuesta a los ataques del 11 de septiembre, pero también se ha beneficiado de una mayor centralización, desarrollada bajo el mandato de Obama. Los llamamientos centristas a luchar contra el “caos”, servirán para sacar de las calles a muchxs de nuestrxs antiguxs aliadxs, al tiempo que justificarán nuevas medidas de represión que se dirigirán tanto contra nosotrxs como contra la extrema derecha.

Es probable que después de estos acontecimientos, la represión del estado suprima libertades en todos los ámbitos, teniendo como objetivo toda forma de disidencia. En Turquía, cuando Erdogan reprimió un golpe militar de derechas, vio como se le allanaba el camino para reprimir toda forma de protesta. La represión del estado contra la derecha, seguirá la misma estrategia utilizada contra nuestros movimientos—introduciendo elementos reformistas y aislando y destruyendo elementos “extremos”. Si la única presión sobre el gobierno proviene de la extrema derecha, el estado les hará concesiones.

En los acontecimientos del 6 de enero ya hemos visto como nuestros antiguxs aliadxs se retiran de las calles. Los liberales instaron a la gente a no ir a DC, contando con las autoridades para lidiar con lxs partidarixs de Trump. Este fue un error de cálculo. Las fuerzas de seguridad no están particularmente inclinadas a enfrentarse al sector de la población con el que más simpatizan, e incluso cuando eligen hacerlo, sus manos están atadas de facto, por la profundamente arraigada costumbre institucional de tratar a lxs blancxs conservadorxs con mucho más respeto del que ofrecen a la gente de color, a la gente pobre y a lxs anticapitalistas.

En resumen, nadie va a venir a salvarnos. Tenemos que prepararnos para la posibilidad de que un movimiento fascista envalentonado continúe perpetrando ataques en los Estados Unidos, mientras un nuevo consenso centrista en el gobierno promulga medidas que nos atacan tanto a nosotrxs como a ellxs. Para que nuestros movimientos sobrevivan, será necesaria una organización comunitaria y solidaria a escalas que aún no hemos visto.

Ya hemos visto las señales de un cambio bipartidista dirigido a la represión de anarquistas y antifascistas. Por ejemplo, después de ganar la reelección, el alcalde de Portland, Ted Wheeler, un demócrata, anunció nuevas iniciativas para señalar, desacreditar y reprimir a lxs antifascistas y anarquistas, usando el mismo lenguaje que usa Trump. El New York Times hizo lo mismo con nosotrxs hace tres meses, repitiendo los argumentos de Trump de manera casi literal.

El mismo Trump amenazó a lxs antifascistas antes del 6 de enero, instándolxs a permanecer fuera de Washington DC para que no interfirieran en el espectáculo que se estaba preparando para dirigir. La extrema derecha ha basado casi la totalidad de su programa en su oposición a lxs “antifa”—no solo porque el concepto de enemigo es más útil en una época de polarización política, sino también porque las innumerables victorias de lxs antifascistas hasta este momento, han retardado su crecimiento. El 5 de enero, un memorando de la Casa Blanca copiado directamente del guión fascista, anunció que estaban tratando de respaldar la Ley de Exclusión Anarquista de 1903/1918, buscando excluir a la gente de los Estados Unidos que se oponga al fascismo. Tales políticas, puestas en marcha bajo el mandato de Trump, podrían continuar bajo el de Biden—por ejemplo, si sus antiguxs partidarixs republicanxs se unen al centro político, con la condición de que se aprueben puntos de su preexistente programa.

“La tradición de lxs oprimidxs nos enseña que el ‘estado de emergencia’ en el que vivimos es la norma. Debemos llegar a un concepto de historia que corresponda a esto. Entonces quedará claro que la tarea que tenemos ante nosotrxs es la introducción de un estado de emergencia real; y nuestra posición en la lucha contra el fascismo mejorará “.

-Walter Benjamin, Sobre el concepto de historia

Los Acontecimientos del 6 de enero: una Cronología Aproximada

Por el bien de la posteridad, hemos recopilado documentación de algunas de las más importantes escenas que tuvieron lugar ayer. Más adelante, cuando este relato sea cuestionado, puede ser útil tener toda la información en el mismo lugar.

Estas imágenes muestran el comienzo de la incursión. Según se conoce, muchxs de lxs que estaban al frente de la ofensiva eran conocidxs fascistas:

Algunxs han exagerado cuán voluntariamente la policía abrió las puertas a lxs partidarios de Trump. Aquí hay otra perspectiva de los enfrentamientos iniciales:

Hubo momentos de confusión cuando algunxs partidarixs de Trump intentaron proteger a lxs agentes de de otrxs partidarixs de Trump, mientras continuaban haciendo retroceder a la policía:

Esta vista aérea muestra una línea de policías luchando por contener, sin lograrlo, a un número de partidarixs de Trump mucho mayor que ellxs:

Lxs partidarixs de Trump asaltan el lado norte del edificio del Capitolio:

Entraron al edificio desde el primer piso y avanzaron hasta el exterior de la cámara del Senado:

Aquí lxs vemos llegar a la Rotonda. Como señaló mucha gente, estas cuerdas de terciopelo los retuvieron con más eficacia que la policía:

Lxs partidarixs de Trump descargaron un extintor dentro del edificio del Capitolio y continuaron enfrentándose a la policía.

Lxs agentes sacaron sus armas para defender el piso de la Cámara de Representantes.

Lxs partidarixs de Trump que entraron al desierto Senado, encontraron un vacío en el epicentro del poder: se habían apoderado del templo, solo para encontrar que Dios estaba ausente. El poder no descansa en lugares físicos fetiche; más bien, se compone de todas las diferentes formas en las que estamos acostumbradxs a obedecer, los innumerables gestos irreflexivos con los que cedemos nuestra representación a las autoridades cada hora, cada día.

“Pero cuando lxs insurgentes logran entrar en parlamentos, palacios presidenciales y otras sedes de instituciones, como en Ucrania, en Libia o en Wisconsin, es sólo para descubrir lugares vacíos, es decir, vacíos de poder y amueblados sin gusto. No se le impide tan ferozmente invadir esos lugares para evitar que el “pueblo” “tome el poder”, sino para evitar que se den cuenta de que el poder ya no reside en las instituciones. Allí solo hay templos desiertos, fortalezas desmanteladas, nada más que decorados- verdaderas trampas para lxs revolucionarixs. El impulso popular de correr al escenario para descubrir qué está sucediendo entre bastidores seguramente lo decepcionará. Si entraran, incluso lxs fanáticxs de la conspiración más fervientes no encontrarían nada misterioso allí; la verdad es que el poder simplemente ya no es esa realidad teatral a la que la modernidad nos acostumbró.

-El Comité Invisible, A Nuestrxs Amigxs

Mientras tanto, el New York Times informaba que se habían encontrado artefactos explosivos en las sedes republicanas y demócratas.

Una “fuente cercana a la Casa Blanca”, que estaba en contacto con lxs partidarixs de Trump que habían entrado en el edificio, hizo correr la voz de que lxs participantes tenían la intención de permanecer dentro del Capitolio durante la noche. Según informes posteriores, la multitud incluía policías fuera de servicio y miembros del ejército, algunos de lxs cuales mostraban sus tarjetas de identificación.

Sin embargo, los enfrentamientos con la policía dentro del edificio lo hicieron imposible. Parece que lxs participantes habían llegado más lejos de lo que esperaban y, sorprendidxs por su éxito inicial, no pudieron consolidar su ventaja para mantener la posición.

La policía había puesto barricadas en una de las puertas; un puñado de agentes la protegían desde fuera, pero lxs partidarixs de Trump lxs persuadieron para que se alejaran de ella. Cuando intentaron atravesar las puertas, un oficial de policía al otro lado de la puerta disparó un solo tiro y mató a Ashli ​​Babbitt, una ex agente de policía. En ese momento, lxs agentes tácticxs llegaban al otro lado de la puerta, justo detrás de Babbitt y lxs otrxs partidarixs de Trump. Este perturbador vídeo captura el momento en que el policía le disparó.

Aquí hay otro ángulo de las imágenes. Nuevamente, el contenido es extremadamente perturbador.

Aquí hay una entrevista con el partidario de Trump que estaba justo al lado de Babbitt cuando fue alcanzada por el disparo:

Al ver esta entrevista, es difícil saber cuánto de ingenuidad y cuánto de artificio hay en ella. Se presenta al mismo tiempo como un acto consciente de propaganda, y sin embargo curiosamente ingenuo.

“Elizabeth no estaba preparada para la revolución”.

Según se informa, en ese momento, la policía estaba lanzando gases lacrimógenos:

Los enfrentamientos continuaron cuando la policía intentó recuperar la rotonda:

Aquí, una gran cantidad de partidarixs de Trump salen del Capitolio a cara descubierta:

Mientras tanto, escenas similares se desarrollaban en otras capitales de estados por todo el país:

Fue el vicepresidente Mike Pence quien aprobó la orden de desplegar a la Guardia Nacional, no Trump. Esto parece reforzar la teoría de que Trump o sus partidarixs podían haberse encargado de que la seguridad no estuviera lo suficientemente preparada o se retrasara su respuesta. En algunas zonas de México se dice que, si la policía o el ejército están notoriamente ausentes, es porque lxs paramilitares vienen a hacer el trabajo sucio por ellxs. Eso continuá siendo mera especulación, pero es seguro que el pasado noviembre Trump dispuso la destitución de agentes veteranos del Departamento de Defensa y otras agencias, reemplazándolxs con leales tan pronto como se confirmó su derrota ante Biden y reestructurando la cadena de mando para concentrar el poder directamente en sus manos. A riesgo de difundir nuestras propias teorías de conspiración, recordamos cómo, en Fort Bragg el 18 de noviembre, cuando el secretario interino de Defensa Christopher C. Miller anunció que a partir de ese momento, Operaciones Especiales le reportarían directamente a él, se interrumpió a si mismo para decir “Esto es un presagio”:

A medida que implementamos las órdenes del presidente, también reconocemos que las transiciones y campañas están plagadas de riesgos e inesperados desafíos y oportunidades. Es por eso que estoy aquí hoy para anunciar esto-esto es un presagio … Estoy aquí hoy para anunciar que he ordenado a los dirigentes civiles de Operaciones Especiales que me reporten directamente a mi, en lugar de a través de los canales burocráticos actuales “.

En cualquier caso, el 6 de enero, después del anochecer, se desplegó finalmente un gran número de agentes:

En la oscuridad, la policía persiguió a algunxs partidarixs de Trump con algo más comparable al tipo de violencia que emplean habitualmente contra las manifestaciones de Black Lives Matter.

El informe de un testigo afirma que a 15 vehículos que tenían pegatinas de Trump en los parachoques y se encontraban estacionados en un solar en el vecindario de Fort Totten en DC, les rajaron las ruedas, dos por vehículo, para que la rueda de repuesto no resolviera el problema.

Posteriormente, dentro del edificio del Capitolio:

(En realidad, todas las estatuas del edificio del Capitolio están empapadas de sangre, pero las cámaras solo muestran la sangre derramada por lxs blancxs).


El Campo de Batalla de las Redes Sociales

Por su parte, Trump felicitó a los participantes, evitando únicamente el respaldo explícito a la incursión, para poder mantener una rechazo plausible: “Estas son las cosas y eventos que suceden cuando una victoria electoral sagrada [sic] aplastante es arrebatada de manera tan brutal y sin ceremonias a grandes patriotas que han sido tratadxs mal e injustamente durante tanto tiempo”. Añadió un mensaje que identifica este acontecimiento como un acto fundacional, que confirma el surgimiento de una nueva corriente política: “¡Recuerden este día para siempre!”

En respuesta, Twitter y Facebook finalmente bloquearon las cuentas de Trump. Lxs moderadorxs de uno de los canales utilizados para la organización online de las movilizaciones también sufrieron presión:

Facebook ya bloqueó a muchxs anarquistas hace meses, pero en cualquier caso, si bien es bienvenida cualquier desgracia que obstaculice las iniciativas totalitarias de Trump, es inevitable que esto finalmente conlleve una mayor censura institucional de lxs anarquistas así como de otrxs participantes en movimientos sociales. Esto hace que sea aún más urgente que establezcamos y promovamos alternativas desde ya.

¿Se Dividirán los Republicanos?

Como resultado de estos acontecimientos, los republicanos ya se han dividido de facto en dos bandos, la extrema derecha pro-Trump y lxs “centristas”, que finalmente se han visto obligadxs a romper con Trump, a pesar de haber sacado provecho de él durante los últimos cuatro años.

Uno de los logros más siniestros de Trump en el avance de la causa reaccionaria es que hoy, lxs republicanxs que como resultado de su influencia se han movido mucho más a la derecha, pueden ser aclamadxs como héroes de la democracia por una base bipartidista, simplemente por elegir no apoyarlo en un intento de golpe explícitamente antidemocrático. Mientras lxs demócratas y republicanxs que están retirando su apoyo a Trump están consolidando un nuevo centrismo político bipartidista, el punto medio de ese centrismo se habría considerado de extrema derecha hace apenas unos años. El adversario republicano de Obama en las elecciones de 2008, John McCain, es ahora odiado por las bases de Trump, pero es un héroe para muchxs demócratas.

En este sentido, el éxodo de Trump lejos del centro del Partido Republicano, no hace sino consolidar los avances de la extrema derecha en todos los ámbitos, quedando libres de cualquier asociación con su carácter polarizador. Si la extrema derecha está ahora representada por neonazis rabiosxs, que participan en una insurgencia armada abierta, pertrechados con parafernalia de “Camp Auschwitz”, será más fácil para lxs capitalistas que quieren deportar a millones de personas y desalojar a decenas de millones, presentarse como defensorxs eminentemente razonables de puntos de vista tradicionales. El caos de ayer en Washington ya ha permitido a partidos de extrema derecha en Europa posicionarse como defensores consternados de la democracia.

Es muy posible que algunxs partidarixs de Trump vean los acontecimientos del 6 de enero como una señal de alarma. Pero es poco probable que este cambio suponga una mejora. Algunxs de ellxs pueden decidir que, después de todo, realmente creen en la democracia y el estado de derecho; en este caso, cambiarán sus lealtades a personas como Lindsay Graham y, en el mejor de los casos, pedirán medidas severas contra lxs fascistas y lxs antifascistas. Otrxs, habiendo aprendido finalmente lo que es estar en el extremo receptor de la represión policial, concluirán que odian tanto la democracia como la policía, pero por razones exactamente opuestas a las de lxs anarquistas, y se unirán a grupos explícitamente fascistas.

Esta ruptura con otrxs republicanxs incomodará a lxs partidarixs de Trump, ya que los aleja de gran parte del poder y de la legitimidad que habían adquirido; pero es un paso necesario para aquellxs que han estado buscando establecer las bases del auténtico fascismo. Han establecido un polo fascista en la política estadounidense—con mártires y un discurso revanchista—que les servirá en los años venideros, proporcionando un mito que les permitira reclutar más adeptxs y una justificación cada vez que necesiten usar la fuerza. Como argumentamos cuando Trump llegó al poder, si el estado no es capaz de resolver los problemas a los que se enfrenta hoy en día la gente corriente, posicionarse como enemigos del gobierno existente podría ser estratégico para ellxs, posibilitándoles reclutar personas blancas desesperadas y privadas de derechos, cuyo privilegio racial les llevó a creer que ellxs no debían ser lxs abandonadxs por el estado y lxs explotadxs por la economía.

Como hemos argumentado en alguna otra ocasión, en respuesta al levantamiento de George Floyd, Trump y sus partidarixs se retiraron del pacto social, declarando: “Si no retenemos nuestros privilegios, es una guerra civil”.

Un Punto de Apoyo en el Poder

Al mismo tiempo, como ya analizamos el mes pasado , aunque las milicias de extrema derecha se describen a sí mismas como rebeldes en contra del status quo, es un error entenderlas como opuestas al estado mismo. Por el contrario, paradójicamente, lxs participantes del movimiento en torno a Trump han tratado de identificarse a sí mismxs tanto como enemigxs del “deep state” como defensorxs del poder estatal. En consecuencia, cuentan con el apoyo del Estado incluso cuando pretenden impugnarlo.

Siete senadores y 121 republicanxs de la Cámara (más de la mitad de lxs republicanxs en la Cámara y más de una cuarta parte de la Cámara de Representantes en total)—apoyaron el recurso para impugnar las elecciones, después de la incursión de ayer—cuando ya había quedado claro que, al hacerlo, estaban proporcionando intencionadamente argumentos que legitimaban lo que fue un intento de golpe de estado extremadamente torpe o la fundación de un nuevo partido fascista. Al menos seis funcionarixs electxs, incluido un miembro de la Cámara de Delegados de Virginia Occidental, participaron en el asalto al Capitolio. Todo esto es evidencia suficiente de que el movimiento en torno a Trump no va a desaparecer a corto plazo, y será muy difícil para las autoridades aplicar el tipo de fuerza que se necesitaría para detener su impulso.

Siguiendo el ejemplo del guión de Trump, el representante Matt Gaetz y otrxs republicanxs han difundido la absurda mentira de que la actividad rebelde en el Capitolio fue de alguna manera el trabajo de participantes “antifa” actuando bajo bandera falsa. Por supuesto, hay suficiente evidencia que confirma que la incursión estuvo compuesta por partidarixs declaradxs de Trump. Al difundir audazmente mentiras descaradas, Gaetz y lxs de su calaña están construyendo una base que voluntariamente cree y difunde falsedades como una forma de demostrar su lealtad y escupir a los ojos de políticxs y periodistas anticuadxs que aún se toman en serio la credibilidad. Su objetivo es acelerar la llegada de un día en el que lo que la gente considere la verdad será solo un factor de sus afiliaciones políticas, y no al revés.

Desafortunadamente, Gaetz es solo uno de un número mayor de personas, en diferentes cargos dentro de todo el espectro político, que intentan encubrir la identidad política de lxs partidarixs de Trump que invadieron el Capitolio. Lxs expertxs Erin Burnett y Dana Bash se unieron a Fox News y Vanity Fair y a lxs políticxs Marco Rubio y Elaine Luria para describir a lxs partidarixs de Trump como “anarquistas”, apuntando con el arma al inevitable esfuerzo inminente de implicar a “ambos lados”, fascistas y antifascistas, como igualmente culpable de los problemas que afectan a los Estados Unidos.

¿Y lxs Anarquistas?

Habiendo aprendido de las dos últimas reuniones de partidarios de Trump en DC, lxs anarquistas y antifascistas moviéndose por el centro de DC en grupos de afinidad, pudieron prevenir ataques brutales contra activistas de color y otras personas en riesgo de ser el blanco aleatorio de fascistas y otrxs partidarixs de Trump. Pero hubo muy pocas buenas noticias en este día sombrío.

Lxs anarquistas se enfrentan a un dilema al responder a los acontecimientos del 6 de enero. No tiene sentido arriesgar nuestras vidas para defender las instituciones que dirigen la opresión del estado, ni brindarles a lxs fascistas oportunidades fáciles para matarnos o lesionarnos. Al mismo tiempo, el horizonte político se reducirá, si cedemos todo el terreno del conflicto a una extrema derecha insurgente y un estado policial represivo, por mucho daño que se hagan entre sí. Como programa mínimo, debemos replantearnos una alternativa antiautoritaria a ambas fuerzas, estableciendo nuevos modelos de acción y encontrando puntos de intervención que minimicen la vulnerabilidad.

Probablemente no será posible que lxs partidarixs de Trump hagan lo mismo dos veces. El 20 de enero, cuando Joe Biden sea investido presidente, prevemos que habrá una enorme presencia policial y militar en Washington DC. Por otro lado, lxs partidarixs de Trump pueden intentar replicar lo que hicieron en DC, en los edificios de capitales de estados de todo el país. Es posible que quienes se oponen tanto al fascismo como a la represión estatal tengan que volver al punto de partida, para identificar los objetivos más estratégicos en este nuevo escenario.

Un error que no debemos cometer es asumir que todas las piezas se encuentran ya en el tablero de juego. Esto no es cierto, todavía hay amplios sectores de la sociedad que aún no se han pronunciado en favor de uno u otro lado. La prisa por escalar hacia una guerra civil aumenta la probabilidad de que lleguemos a ese punto antes de estar listos. La guerra civil puede ser inevitable, pero si lo es, es una razón de más para centrarse en la construcción de redes y atraer, mientras estemos a tiempo, a aquellxs que aún no se han posicionado.